entrevista mundo Burtoniano.

¿Cómo describirías tu estilo visual en pocas palabras?

Diría que mi estilo tiene más que ver con una sensación que con una fórmula. Vengo del dibujo y de la animación, así que para mí la composición, el movimiento y el ritmo son parte del alma de una película. Nunca me gustó mucho encasillarme en una etiqueta fija. Prefiero pensar que todo forma parte de un mismo proceso creativo. Incluyo frecuentemente mundos y personajes con peculiaridades, son los diferentes, la minoría y el ambiente es llevado a una escandalización de la realidad o una mutación de la misma con factores extraordinarios,

¿Te gustaría hacer una película completamente distinta a tu estilo?

Sí, claro. A veces una historia te pide algo más contenido, más silencioso o más realista. No siempre se trata de imponer una estética. A veces lo mejor es correrse un poco y dejar que el material respire. En Big Eyes, por ejemplo, me interesaba n tapar la rareza del relato con un despliegue visual mío: mantenerlo simple y dejar que la historia hiciera su trabajo.
También me ha tocado experimentar lo opuesto: trabajar de un modo que es “al revés” de mi manera habitual, como cuando una película se construye muy al final por adición de capas digitales. Ahí sentís que el “vibe” aparece tarde, y eso puede ser creativo… pero también bastante inquietante.

¿Qué consejo le darías a un nuevo director que busca encontrar su identidad visual?

La identidad visual aparece cuando uno empieza a mirar el mundo de una manera propia y constante. También le diría que entrene mucho su percepción, sensibilidad y por supuesto sus habilidades com director. Que se deje llevar por sus ideas incluso las que parecen no tener sentido, lo peor que puede pasar es volver a empezar. Que se rodee de gente que entienda lo que quiere hacer, porque el cine también depende mucho de con quién compartís el proceso.

¿Qué parte tuya se refleja en los mundos que creás?

Creo que siempre hay algo personal en todo lo que uno hace, incluso cuando no lo planea. En mis personajes y en mis mundos suele aparecer una sensación de rareza, de no encajar del todo, de observar el mundo desde afuera. No es autobiografía literal, pero sí hay algo emocional muy mío ahí. Me pasa que me siento cerca de Pee-wee, Beetlejuice, Edward, Batman… como si fueran variaciones de algo propio. 

¿Sentís que cuando otros conectan con tus historias y personajes también conectan con vos o con tu manera de ver el mundo?

Sí, en algún punto sí. Nunca se puede controlar del todo por qué una obra conecta con alguien, pero cuando pasa, creo que hay una especie de reconocimiento emocional. Lo fantástico puede ser muy real cuando toca algo verdadero. Si alguien conecta con eso, de alguna forma también conecta con una manera de sentir y de mirar.

¿Cómo trabajás el contraste entre lo oscuro y lo infantil?

Yo no lo pienso como una oposición tan rígida. Lo oscuro y lo infantil conviven mucho más de lo que parece. La infancia no es solamente dulzura; también está llena de miedos, rarezas, confusión y descubrimiento. Me interesa esa mezcla, porque me parece más honesta que separar todo en categorías demasiado simples. Además, lo que asusta de verdad no siempre es un monstruo. A un chico puede aterrarle algo completamente cotidiano, más que una criatura imaginaria. Entonces, cuando hago algo “oscuro”, intento que sea emocionalmente honesto.

¿Qué obra marcó un antes y un después en tu vida?

Ver ciertas películas de fantasía y criaturas cuando era chico fue muy importante para mí. Más que una sola obra, fue la sensación de descubrir que una imagen imposible podía cobrar vida. Después, estudiar animación y trabajar visualmente con historias también marcó un antes y un después, porque entendí que podía convertir imágenes internas en lenguaje cinematográfico.

¿Qué te inspira a crear cada una de tus películas?

Me inspira mucho el acto mismo de hacer. Dibujar, imaginar, trabajar con otros artistas, construir algo que todavía no existe. También me inspiran las ideas o emociones que no se dejan explicar del todo, las imágenes raras, lo poético, lo extraño, lo que queda vibrando.Y la inspiración también está en lo que me resulta “difícil de nombrar”: una poesía rara, una emoción que no encaja del todo en categoría, una imagen con fuerza. Eso me atrae desde siempre: monstruos clásicos, ciencia ficción vieja, cine que te deja un clima encima.

¿Qué te hace elegir un proyecto entre muchos otros?

Generalmente elijo un proyecto cuando siento curiosidad inmediata. A veces es porque tiene algo raro, algo difícil de definir, algo que se sale de la norma. También influye el momento en el que estoy, el tipo de energía que necesito y la gente con la que voy a trabajar. Hay proyectos que simplemente te llaman más que otros.

¿Cuál es el fin de tus obras o qué buscás generar en el espectador?

No me interesa tanto dar una lección cerrada. Me interesa que el espectador sienta algo, que encuentre una emoción propia dentro de la película. Si una obra logra generar una conexión emocional sincera, aunque sea extraña, melancólica o incómoda, entonces ya consiguió algo importante.